Oyendo como crecen las ortigas de Waldo Santos

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Oyendo como crecen las ortigas de Waldo Santos

Mensaje  Alec Lawrence el Dom Mayo 03, 2015 1:16 am

Oyendo como crecen las ortigas

Autor: Waldo Santos.
Editorial: Celya.
Precio: 10 €.
Páginas: 147.
Argumento: A veces el destino, escribe Tomás S. Santiago en el prólogo, coincide escrupulosamente con los límites de una ciudad. Traspasar sus afueras sería también salir él de sí mismo hacia donde el consentimiento no lo suponía. Waldo Santos es Zamora; y viceversa.                                          
Así, feliz y desalojado, Waldo guarda en su poesía memoria de las palabras de la ciudad zamorana, en sus personales palabras como malviz, comuelgo, llágano o madruguero... Quién sabe, pues, si en ese rumor no hay aún un sueño.

Opinión: Después de leer Alaciar de la luz estremecida, quedé con ganas de más, así que hoy, merodeando por la biblioteca encontré esta obra. Para aquellos que no lo sepan, Waldo Santos fue un poeta zamorano, abogado y experto en cante jondo.

Su primer trabajo apareció en 1959  Mi voz y mi palabra. Otras de sus obras son: Palabra derramada, Toba, clavel y viento, Grito de estopa, Sangre colgada a garfios, Con la sed bocarriba, Imposible alondra y, Desde la sangre al rojo. Su último libro se publicó en 1990, una recopilación de relatos titulado Del atardecer de Iberia.

En esta poesía podemos apreciar que los sentimientos y el mundo interior del poeta son los protagonistas. Tal y como vemos venir desde el prólogo. La denuncia también está ahí, los horrores que a veces nos ocultan la belleza de nuestro mundo. Él lo define como su "Utopía" [...] Volveré cuando nadie eche de menos mi Utopía, cuando sea posible y conjugable el plural sin fatigas. [...]



Nos encontraremos con un lenguaje siempre rico y en ocasiones hermético, pero al fin y al cabo ese es parte del encanto de la poesía. En mi opinión estos versos respiran melancolía, beben directamente de la naturaleza, las tragedias y los gozos de lo cotidiano. Y por último la clara finalidad de remover mentes y corazones, de hacer pensar al que se muestra dispuesto a aprender.

Tan hermosos los lirios
no conocen las siembras,
de cosechas no saben.
Será por eso
que nacen en el llágano
de los páramos bajos.

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